No, no es que he echado este blog al olvido. Tengo muchas ganas de escribir pero se me juntaron muchas cosas y no me alcanza el tiempo. Espero estar libre en unos días (no sé cuántos).Un abrazo a todos los que pasan por este espacio.


Ser cantautor es cosa seria. Un cantautor tiene que tener talento, la capacidad de soñar y de transformar las realidad en la poesía de sus canciones. Carlos Arancibia (el Chuqui) tiene todo eso además de un corazón enorme que se refleja en sus ojos de niño.




Espero que el Jimbo viva muchos años y sea un perro sanito. Me lo imagino como nuestro compañero cuando mis hijos se vayan a hacer su vida. Me lo imagino así: viejito él echado bajo la mesa de la cocina mientras mi marido y yo -no tan viejitos- leemos el periódico o comemos algo rico. Luego, echado sobre su lomo con la barriga al aire sonriendo cuando mi esposo le haga apapachos en la panza. Feliz.
Cuando vivía en la Ciudad de los Anillos y volvía de vacaciones a Chuquiago, la pregunta más común era "¿y qué es lo que más extrañas?". En ese momento lo primero que se venía a mi mente era (en cámara lenta) una mañana fría como todas las mañanas paceñas, un café destilado -de esos que había en mi casa cuando era soltera- con ese aroma que se siente diferente en el ambiente seco casi cero humedad de La Paz, un pedazo gigante, suave, blanco y salado de queso collana y la imagen principal: una marraqueta crocante, de esas que al partir un trocito emiten un sonido especial, el olorcito de la miga abundante y el primer bocado con ese sabor único, incomparable... pero... para no ser tan chinchosa y no dar muchas explicaciones siempre respondía "lo que más extraño es la familia" y sí, claro que extrañaba a mi familia, pero la marraqueta ocupaba un lugar importante dentro de mis varias nostalgias.Las Aníbarro son las seis hijas de
Juvenal tiene treinta y tres años y decide ponerle fin a su miserable vida pasando sus últimos días en la "Suite Presidencial" una habitación dentro de un bar donde las personas pagan para que se los deje morir bebiendo. La Suite se cierra bajo candado, con un balde de alcohol preparado con té o algún otro menjunje, una lata para sus necesidades, una cama miserable, algunas frazadas y periódicos para soportar el frío. Una vez que se entra a la "Suite Presidencial" solo hay chance de arrepentirse cuando el mozo que cambia los baldes de trago y las latas abre la puerta. El Juve paga por adelantado dos baldes y medio de trago, por la lata y por los camilleros que van a sacar su cuerpo sin vida a la calle cuando su suicidio planificado acabe.