miércoles, mayo 18, 2016

De ausencias y regresos


Las últimas semanas estuve preparando/reparando tu cuarto para que te espere bonito, lleno de luz y listo para que empieces esta nueva etapa de tu vida con patada voladora. En cierta forma esta sensación me hace recuerdo a cuando esperaba que salgas de mi barriga así con esa expectativa infinita de abrazarte con un amor que no sabía que existía y que cada día se hace más grande (me vas a entender cuando tengas hijos).

Claro que te he extrañado terriblemente. En todo este tiempo no he querido escuchar Dave Mattheus Band por que cada canción me trae tanta nostalgia a vos que corría el peligro de lloriquear como tonta sin previo aviso y en cualquier lugar (bien nada que ver). Cada que comemos algo que te gusta (especialmente con el Sebas) pensamos en vos y que en cuanto vuelvas vamos a disfrutar contigo otra vez de las cosas que tanto te gustan, aunque tus habilidades culinarias hagan que la mayoría de las veces dejes la cocina hecha una hecatombe.

Y como si nada pasaron (casi) cinco meses desde que te fuiste al norte. La próxima semana ya voy a tu encuentro -con el corazón hecho un chuño de la emoción-  a acompañarte en tu regreso para apapacharte un poquitito otra vez debajo de mis alas y soltarte nuevamente a donde decidas volar.


martes, abril 05, 2016

Esta vez


Hace como unos nueve años, mi amiga Clarex, una melómana empedernida, me habló del Vadik. Para entonces yo vivía en Santa Cruz y nunca había tenido el privilegio de escucharlo. Cuando volví a vivir a La Paz, no solo lo escuché, si no que tuve la suerte de conocer al Vadik en persona. 

Dentro de lo que cabe esperarse de una fome profesional como soy yo, me convertí en su gruppie. Me encanta la "sencillez compleja" de las letras de sus canciones que describen todo lo que nos rodea de una forma tan precisa que te despiertan la imaginación, la nostalgia y la alegría en los primeros dos versos. La gama de sonidos que acompañan las canciones hacen que cada una de ellas sea un mundo a parte, pudiendo encontrar desde canciones instrumentales, cuecas, hasta canciones cortitas llenas de feeling, como todas las del disco Minimalia.

Y bueno, todo es cuestión de gustos y colores, pero lo más lindo es compartir esos sentires con los más cercanos a vos, como el Bernardo. Hace varios meses, un día que le acompañé a conocer su nuevo colegio, ni bien empezaron los primeros acordes de una de las canciones del Vadik me pidió que aumentara el volumen y se quedó en silencio de principio a fin -cosa extraña en él que habla hasta por los codos- y desde ese día adoptó a esta canción como su favorita del mundo mundial. La hemos escuchado tantas veces que toda la familia se sabe la letra. Hoy cuando iba a dejarlo al Kinder, me pidió que pusiera de nuevo "su canción" y la cantó a voz en cuello.

Los amores a primer oído, existen. Doy fe.

lunes, enero 11, 2016

Árboles Navideños

Cuando era niña, allá por los 70 y 80 del siglo pasado, mis papás compraban pinos naturales para adornarlos en Navidad. Llegaban a la casa con el cadáver fresco y oloroso de un pino mediano y había que poner el tronco del pino dentro de una lata de leche Nido de dos kilos debidamente forrada con papel de regalo sujetando el tronco con piedras medianas y tierra para que se mantenga firme por lo menos un mes. Como acto seguido mi papá ponía las lucesitas de colores con todo el cuidado del mundo, ya que por lo general había unos cuantos foquitos que se habían quemado o que necesitaban un pequeño ajuste para funcionar. Las bolas y demás adornos iban después para finalizar el adorno con la estrella de la punta del árbol. Entonces, la Navidad olía a pino y sabía a chocolate con buñuelos. La desarmada del árbol (luego de Reyes Magos) era un poco triste, porque luego de despojar al árbolito de todos los adornos, había que tirarlo a la basura, todo amarillo y seco, pero aún con el aroma intacto.

Con el paso de los años y la invasión de los productos chinos, tener un árbol de plástico se puso de moda. Era más práctico y no había que ir a buscar un pino pintudo, sino bastaba con sacar al pino navideño de su caja de cartón.

El primer árbol que tuve cuando me casé era uno que heredé de mi suegra, pero pocos años después, nos compramos un hermoso árbol un poco más grande y frondoso, que seguimos armando todos los años hasta ahora y que por lo visto nos va a acompañar muchos años más.

El tema -con árbol natural o de plástico- sigue siendo la fiaca que da desarmar la "Navidad" después de Reyes Magos. Se necesita mucha paciencia para guardar cada adorno en su cajita y desarmar el árbol rama por rama juntando las ramas por tamaños y letras para que sea fácil armarlo de nuevo cada año hasta que cobremos jubilación o tengamos media docena de nietos que vengan a festejar las Fiestas en la casa. Hace unos años bajé al sótano el arbolito entero (solo le saqué la estrella y los adornos más grandes)  y me pasé el trabajo de coserle un cobertor. La subida del árbol ese fin de año fue una tortura, asi que decidimos que había nomás que desarmarlo como mandan las instrucciones en cinco idiomas.

Espero que algún día inventen un árbol navideño que se desarme solo y que los adornos y las luces LED se biodegraden en un mes para no tener que juntar paciencia, buen humor y tiempo y desarmar tanto show de amor y paz made in China.

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