Viviendo en otra ciudad y estando de ama de casa (en un principio) , lo que menos tiene una son amigas, a menos que sean las esposas de los compañeros de trabajo del marido, o las compañeras de laburo del marido…una vaina.
Cuando mi Rodri entró a 1ro de primaria, la cosa fue cambiando de a poco. Como yo iba a dejarlo y a recogerlo al colegio, me quedaba charlando con alguna mamá luego de que tocaba el timbre y así de a poquito fui conociendo a muchas mamás del curso. Cuando empezaron las actividades del año (día del padre, día de la madre, día del niño, etc.) me fui incluyendo en la organización de dichos eventos y al final de ese primer año terminamos formando un grupo muy unido, ya no solamente de las mamás, sino de los papás y hasta los chicos.
La primera mamá a la que le hablé fue a la Choca, la mamá de un niño que se llamaba Rodrigo como mi Rodrigo. La choca es un chiste: no trabaja y no piensa hacerlo, y de paso el papá de su Rodri le paga para que ella ayude en las tareas a su niño. Al principio le ayudaba bien, pero en los últimos cursos tuvo que contratar un profe, porque la verdad que muy brillante no es mi amiga Choca. Siempre está a la moda, no importa que se le salgan los rollos por debajo de la polera cortita y lo que más le gusta en la vida es echarse “chuta” (léase desnuda, pelada, cala) al sol y broncearse hasta las encías. Es un cacho desubicada, pero me gusta su franqueza, pues te dice las cosas en tu cara, te gusten o no.
Luego conocí a mi amiga Roxana. Ella tampoco trabaja. Su marido es Ingeniero Petrolero y anda viajando por todo lado así que ella prefiere quedarse en casa y cuidar a sus chiquitas que son de las mismas edades que los míos. Es muy abnegada mi amiga Rox y lo que más admiro de ella es su fortaleza, pues en tres años perdió primero a su papá (sorpresivamente se enfermó y al tiro falleció) y su hermana menor que estaba con cáncer. Su mamá estaba destrozada (obvio) así que ella era la que sacaba las fuerzas de donde otros no la tenían y correteaba de aquí para allá con el tema de los médicos, análisis, etc. Machísima. Nunca se quejó y no la veías de mal humor ni nada. Claro que cuando falleció Fabiola (su hermana) hubo un momento que emocionalmente se derrumbó, pero es y siempre ha sido el pilar de su hogar, un gran apoyo para su hermano mayor y sobretodo para su madre. Rox me “adoptó” desde un principio. Me invitó a las fiestas de su promoción del colegio y es así que tengo mi colegio en Santa Cruz, la Promo 90 de Cardenal Cushing. Hasta salí una vez en Megavisión en una de esas fiestas de promociones que las transmiten de pe a pá.
Mi amiga Eli es un cuento aparte. Vive todavía con sus papás, pero este año ella y LuisFer, su esposo, han empezado ya a construir su casita propia. A mi amiga Eli le encanta la música “pato” (pa tomar) es feliz con la cumbia villera, adora la canción “amor salvaje” y el ringtone de su celu era unaépoca “el bombón asesino”. Es super amiga (ahorita me estoy acordando que ingratamente hace dos semanas que no hablamos por teléfono). Algunas de sus frases célebres: “ay hija! Fui a la reunión del curso y todingas unaj viejas descuidadangas, las únicas bonitas éramos Marianela Paz y yo” o “ay me estresa eso de ser la gerente” (me fascina). Creo que nunca conocí a una persona que hable tanto, ni siquiera mi amiga Anita que es terriblemente habladora. Es de las amigas que tú sabes que están ahí para todo, desde para charlar, para ir a dar una vuelta a la plaza, para prestarte ropa, para quejarse y llorar a gritos, para reír también a gritos. El año que estuve viviendo sola en Santa Cruz nunca dejó de llamarme, de estar pendiente si necesitábamos alguna cosa, con ella y Roxana no tuve la oportunidad de sentirme sola. Nos hicimos tan amigos (nosotras, los maridos y los hijos) que cualquier fin de semana o feriado nos llamaban y organizábamos un churrasco, cocinábamos una pizza o cualquier cosa y mientras los chicos jugaban hasta decir basta y los maridos se bebían sus chelas, nosotros charlábamos hasta que nos dolían las mamndíbulas. Bueno, Eli hablaba y yo la escuchaba atentamente, así que a ella le dolía la mandíbula y a mí se me macurcaban las orejas.
Sigo mañana, pues sino no salgo nunca de mi cueva.