jueves, septiembre 10, 2009

EL REGALO DE LA PACHAMAMA



Kunturi es un niño de trece años que vive en el Valle Coquesa, en las cercanías del salar de Uyuni. Kunturi juega en los trenes abandonados con sus amigos (deben haber pocos lugares en el mundo tan hermosos para jugar), va a la escuela (luego de caminar horas) y ayuda a su padre en las labores de extracción de sal, labor bastante pesada y sacrificada. Vive con sus padres y sus abuelos, quienes tienen un sembradío de quinua desde siempre. En la época de siembra, la abuela se enferma y no sobrevive, así que el abuelo debe quedarse en el pueblo cuidando los sembradíos y las llamas y Kunturi debe reemplazarlo en la "ruta de la sal".


"La ruta de la sal" es un viaje que realizan algunos pobladores de las cercanías de Uyuni, llevando cargas de sal a lomo de llama y recorren una serie de pueblos durante tres meses para intercambiar la sal por productos del valle (verduras, ají, maíz...). Esta travesía es muy importante, puesto que si bien ya hay pobladores que realizan el recorrido en camiones, hay lugares inaccesibles para cualquier clase de vehículo y sólo se puede llegar a pie. El padre de Kunturi es uno de los pocos que todavía recorre esta ruta de la forma tradicional.

El viaje de Kunturi y su padre por esta ruta es una larga ceremonia de iniciación, un viaje desde la niñez hacia la juventud.

En los tres meses de viaje, Kunturi aprende de vivencias muy intensas afrontando y aceptando sentimientos totalmente nuevos para él, como el dolor de perder seres queridos, la verdadera dimensión de la generosidad de su padre y de sus antepasados, la solidaridad con las personas que los necesitan, el "no robes, no mientas, no seas flojo" (amasua, amallulla y amaq'ella), el amor en los ojos de Ulala, la niña que conoce en la población de Macha y finalmente la entrega y la veneración a la Pachamama, no solamente con el ritual del Tinku, sino con ese saberse hijo de la madre tierra y estar agradecidos con todo lo que de ella proviene, respetando a todos los seres vivientes.

Hay muchísimo más por (d)escribir de esta película, como los hermosos paisajes norpotosinos, la música -tener la voz de Luzmila Carpio de fondo es un verdadero placer para los sentidos- la dulzura del idioma quechua, la inocencia tan auténtica del amor adolescente y sobretodo la presencia omnisciente de la madre tierra, aquella que da vida hasta en los ambientes más agrestes.

5 comentarios:

xeduarda dijo...

La película promete y por lo que (d)escribes ya estoy corriendo a verla ;-)

Warikasaya dijo...

nenita, aqui tu querida ma, te aclaro que amaq'ella significa ''no seas flojo'' tu sabes que soy quechua parlante, cualquier traduccion me preguntas bueno?

muy buenos tus comentarios, besitos......

Vania B. dijo...

Xeduarda: Promete mucho! y depende de cómo la veas en todo caso. Por ejemplo a mí me emociona mucho como canta la Luzmila, tenía algunos paisajes nortepotosinos grabados en la imaginación por mi papá y por la Wilma (una ayudante 100 puntos que tenía), mis bis abuelos y abuelos eran gran parte quechuas, así que fue ponerle color, sabor, sonido a mi imaginación. Un abrazote.

Querida Peti: Voy a arreglar esa partesita ya? Hartos besos para vos. Nos vemos el finde.

El Lucho dijo...

Ya me gustaría poder ver la película, pero aquí en Madrid...
Hace tres años estuve con mi familia en Uyuni y la provincia de Sud Lípez, de turismo se está de maravilla pero vivir allí no es fácil.
PD. Nada como una madre y sus correciones.

Vania B. dijo...

Lucho: Cierto, para hacer turismo el salar es un paraíso, pero otra cosa es vivir allí. Yo no conozco (todavía) el salar, pero el próximo invierno nos lanzamos al estrellato (mis parientes y yo). En cuanto a las correcciones, es verdad, las correcciones maternas son imprescindibles.

Un abrazo hasta Madrid.

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