miércoles, noviembre 07, 2012
PEQUEÑOS PLACERES: EL BERCHO
El almuerzo estaba rico. Subimos abrazados al dormitorio, sé que es tu hora de dormir. Te acomodo en mi cama, me echo a tu lado y te doy de mí. Mientras te alimentas acaricio tu cabellito suave y tu oreja. Tus ojitos empiezan a cerrarse. La manito que jugaba en mi pecho de a poquito se va quedando quieta. La tomo y la contemplo. Los nudillos de tu mano son todavía hoyuelitos traviesos y tu mano es una estrella. El sueño comienza a vencerme a mí también. Te abrazo y dormimos.
Mientras todos retoman su posición en el engranaje gigante y la ciudad vuelve a su ritmo caótico de mitad de jornada vos y yo soñamos...
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RODRIGO SEBASTIÁN Y BERNARDO
viernes, septiembre 28, 2012
CUMPLEAÑOS FELICES
Cuando yo era niña, cuando uno cumplía años invitaba los amigos por teléfono,(discando los números de 6 dígitos) o con unas invitaciones bien estándar pues no había mucha variedad para escoger.
Las masitas de cumpleaños eran por lo general hechas por las mamás y las abuelas: empanadas de queso, rollo de queso, queques varios, una torta lo más bonita posible,
galletas y pare de contar. También se compraba bolsitas que decían “feliz
cumpleaños” y se llenaban de masitas, algunos juguetes y ya.
Llegaban los
amigos y no se acostumbraba contratar a alguien para mantener a los chicos ocupados. No
me acuerdo encontrar payasos o magos o animadores para
los cumpleaños a los que iba con mi hermana. Las niñas jugábamos “pasara mi barquito”, “San Miguel” o “países” y cuando llegaba la hora de cantar el “japi berdei” nos poníamos alrededor de la mesa, cantábamos,comíamos la gelatina y
tomábamos chocolate con leche acompañado de las masitas. La piñata contenía
juguetes que eran unos adefesios de plástico donde invariablemente había unas
muñequitas pequeñas con forma de bebés de color rosa o anaranjado, platitos y
demás utensilios de cocina para las niñas, autitos y soldaditos para los
chicos, algunos dulces y chucherías complementarias.
A las chicas solían martirizarnos mandándonos a los Cumpleaños con vestido. Odiaba
los vestidos y más todavía las medias panty. Mi mamá nos obligaba a ponernos
unos vestidos con los que mi hermana y yo parecíamos un par de ángeles, tanto
así que a la hora de la piñata, yo (que era una vergonzosa total) solo recogía
tímidamente algunos juguetitos que caían lejos del tumulto, pero otras chicas
aprovechaban sus vestidos usándolos como bolsas receptoras de juguetes y dulces.
¿La música? Algún LP (long play, de esos negritos de plástico con huequito en el centro) con rondas infantiles, que incluían invariablemente el “arroz con leche”, “Hola Don Pepito”, “la gallina turuleca” y otros hits similares, como
el célebre “cumpleaños feliz, cumpleaños feliz te desean tus amigos de Parchis”
desde el otro lado del mundo. Ya cuando entramos en la adolescencia los
cumpleaños empezaron a ser fiestas bailables de chicos y chicas, así que cambiamos
“Don Pepito y Don José” por Menudo, Pato de Goma, Michael Jackson, The Police,
Men at Work y grupos locales como “Menta”, los éxitos de “Ivia”, y otros que dan para otro post completo.
Pensar que estoy a punto de cumplir cuarenta cumpleaños, la mayoría de los cuales he festejado junto a mimarido. Pensar que ya han sido tantas las celebraciones inolvidables de mis hijos mayores y que faltan todavía todos los cumpleaños de mi Bernardo. Tanta vida, tantos años y lo que sigue siendo importante es festejar junto a las personas que más quieres, con el fondo musical del “cumpleaños felizzz”de los Parchis.
P.D. No se pierdan los enlaces a "Don Pepito" y el mítico "Cumpleaños Feliz" de los Parchís.
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viernes, junio 29, 2012
SOBRE NOMBRES Y COLORES...
Y nosotros que creíamos que nunca más nos íbamos a preocupar por esto de poner nombres, y pasadita la mitad del año pasado (2011) nos enteramos de que tendríamos que bautizar a un nuevo pequeño.
Cada miembro de la familia tenía una propuesta diferente: Máximo era la propuesta de mimarido, quien una mañana se levantó con la idea de que nuestro retoño se tendría que llamar como Máximo Décimo Meridio (Gladiator), o sea con la idea de que el bebé tenía que ser tan macho machote que haría llorar a Chuck Norris. Su segunda propuesta era Francisco, por el nombre que le borraron a él cuando entró a primaria y porque quería ese nombre desde que iba a nacer el Sebas (hace doce años y pico). Miguel, la propuesta del Rodri, se inspiraba en Miguelito de Mafalda, un niño soñador y encantador. No era mala idea. Rafael, la propuesta del Sebas, obviamente por Rafael Nadal, uno de sus tenistas favoritos (su favorito es Djokovic). A mí me gustaba Bernardo, pero dado el abucheo que recibí inicialmente, cambiaba de idea cada semana: Rafa, Felipe, Maximiliano…
Finalmente cuando faltaba como mes y medio para el nacimiento del bebé decidimos que el nombre debería ser elegido por ¾ de las votaciones. Sí, en esta casa (a veces) somos democráticos.Ya habíamos decidido el segundo nombre: Esteban, y las propuestas finalistas eran: Francisco (propuesta de mimarido), yo propuse Bernardo, el Sebas quería Rafael y el Rodri no estaba muy decidido, así que él era el voto clave. Otro punto importante: el Sebas no quería por nada del mundo que el bebé se llame Francisco porque –según él- es nombre de comida (como los panchitos/hot dogs de la ciudad de los anillos). Pasaron los días, movimos nuestras fichas y logré convencer a los chicos que era mejor Bernardo que Francisco y se quedó con Bernardo por 3 votos contra 1 (cuento resumido porque en la realidad hubieron amagues de enfrentamientos de por medio).
Definitivamente no es fácil poner nombres a los hijos, y en un principio, cuando son chiquitos, es como si los nombres que les pones todavía no tuvieran forma; pero los vas nombrando, vas hilvanando sus nombres en tus conversaciones, te vas acostumbrando a tejer sus nombres entre palabras cariñosas, empiezas a visualizar su nombre y sus caritas, sus gestos y personalidades y de a poquito te parece que los nombres de tus hijos son los más hermosos porque nombran a los seres que más quieres en la vida. Hoy por hoy, Rodrigo, Sebastián y Bernardo me parecen los nombres (y las palabras) más hermos@s del mundo entero.
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sábado, abril 21, 2012
MIÉRCOLES DE "TRANSFORMACIONES"
Los miércoles, el canal Home & Health de Discovery Channel está lleno de esos programas de cambios trascendentales. De pronto muestran una mujer a la que la vida parece haber atropellado a la mala, la humillan un poco recalcando que su ropa, su pelo, su maquillaje y su “estilo” son un desastre total y luego empiezan con la transformación: vestido, pelo alaciado, sonrisa blanca y en muchas ocasiones una sesión de bótox: eso que hace que la gente no sepa si estás feliz, triste o acabas de caerte del catre.
En uno de los programas incluso, ponen a las participantes en unas casetas de vidrio (a prueba de sonido, dizqué) en un lugar céntrico y las exhiben como animales de feria pidiendo a los transeúntes que calculen la edad de la desdichada y qué es lo que cambiarían en ellas. Por lo general les calculan de 10 a 15 años más de los que tienen en realidad y les observan hasta los vellos de la nariz. Para seguir con el martirio les muestran a las víctimas un video con las críticas más duras y les hacen reconocer que su vida y su cara son una desgracia ya sea porque murió su perro, porque tienen fobia al dentista, porque no se quieren a sí mismas o porque por último no pueden gastar lo suficiente en verse como una mina de la revista Cosmopolitan. Aquí hay que recordar la máxima de “no existe mujer fea, sino pobre” pues todo se puede invirtiendo unos cuantos verdes.
No tengo idea si es que las participantes en estos programas mantienen los cambios que les hicieron en el programa de TV. Me encantaría que muestren a una de estas doñas uno o dos años después del programa y la transformación para ver qué porcentaje de las participantes se mantiene en el molde en que la han puesto y cuántas de ellas vuelven a soltar la panza, olvidarse de la peluquería, estornudarse en el dentista, andar con la cara lavada y sin bótox aburridas de sonreír con una cara que no es la suya.
Mejor dejo de ver sonseras y me dedico a algo más útil.
lunes, abril 02, 2012
LOS HOGARES DE MIS HIJOS.
Cuando nacen tus hijos, la casa donde vives se convierte en un hogar, en un refugio inolvidable de esos primeros días/años.Cuando nació mi Rodrigo, vivíamos en un departamento en una calle céntrica de Chuquiago. Era un departamento calientito, con ventanas que daban a la calle ruidosa y desde donde todo el santo día se escuchaban las alarmas de los autos y los bocinazos. Por las noches la música estridente de los borrachines callejeros que parqueaban en nuestra acera era lo más normal. Había también una panadería en la planta baja que nos hacía llegar el aroma del pan recién horneado gracias al cual casi abandoné mi vicio por las marraquetas.
Gracias a esa panadería, el olor que ese departamento tiene en mi memoria es a pan, pero también a nuevo y a independencia (estaba recién casada).
Mi Sebastián vino a "nacer"a Chuquiago, pues esa época vivíamos en Santa Cruz. Cuando volvimos a la ciudad de los anillos nos esperaba el departamento en el piso 11 de uno de los pocos edificios de departamentos que había en esa época. La vista desde ese piso era hermosa: las copas de los árboles y las tejas rojas de las casas, hacían que tengas la sensación de estar en un bosque de cuentos. Desde mi ventana, a lo lejos se veía el humo que salía de San Aurelio y por las noches una pequeña luz verde: el letrero del Diraio Mayor El Deber. El segundo anillo parecía una pista de juguete mientras los micros "vuelteros"del segundo anillo hacían círculos infinitos.
El aroma de ese departamento en mi memoria es a verde, a calor y a familia, pese a que no teníamos a nadie en esa ciudad.
El hogar que le espera a mi Bernardo no es muy diferente a los dos que acogieron la llegada de mis enanos mayores. Otra vez en Chuquiago, ésta casa está en una calle antes tranquila pero ahora ruidosa, y que de a poquito se está llenando de edificios al rededor. Por la noche parece que estuviéramos rodeados de estrellas y si bien desde aquí no vemos al Illimani, sentimos su presencia omnisciente. En diagonal a nuestra casa hay una escuela de fútbol donde casi todos los domingos de Dios hay ruidosos campeonatos que empiezan a las 8 ó 9 de la mañana con las barras de rigor: bombos, trompetas, petardos...
La casa misma suele ser un alboroto constante gracias a la presencia del Rodrigo, del Sebas y de sus amigos que vienen al menos una vez a la semana y -aunque últimamente no mucho- se quedan a dormir. La presencia del Jimbo también se ha vuelto imprescindible.
Para mí esta casa huele a hogar, a compañía, a experiencia y desde hace algunos meses, a futuro.
lunes, octubre 31, 2011
BIENVENID@ HERMANIT@
Hace unas semanas comencé a sentirme un poco indispuesta. Yo imaginaba que había exagerado con la comida, pues tuve un fin de semana de atracones culinarios con las amigas y en casa de mi suegra. Tan mal me sentía que fui a la clínica pensando que se trataba de una infección intestinal, pero antes de que me den la orden para los análisis que verifiquen mi mal de estómago me vino una duda y le pedí a la doctora (una jovencita practicante pecosa y con la cara lavada) que descartemos la posibilidad de un embarazo. Nota importante: hace tantos años que ni pensaba en embarazarme que había perdido la costumbre de llevar algunas cuentas importantes.
No niego que sospechábamos algo, pero después de doce años de haber tenido mi último bebé (el morocho Sebastián), me negaba a creer en esa posibilidad. Los chicos me llamaban cada cinco minutos, mimarido un poco menos pero todos estaban a la expectativa de los resultados que estaban demorando demasiado.
Me devolvieron los resultados del análisis de sangre y la doctora pecosa y jovencita me confirmó que estaba re-embarazada. Para mejor control del tema (y creo que para terminarme de convencer) me derivaron al ginecólogo quien con una ecografía confirmó que una semillita se había posicionado de mi vientre y ya estaban dadas todas las condiciones para que en menos de 30 semanas tenga un nuevo bebé y en consecuencia crezca la familia.
Hace unos días mimarido y el ahora hermano del medio fabricaron una potente luminaria, se prestaron la cámara y el trípode de mi suegro y decidieron grabar una serie de videos dedicados a darle la bienvenida al(la) hermanit@ # 3. Les dejo con el primer video, donde debo admitir que mi participación es la más trucha.
Bebé querido, semillita de mi corazón, va este primer video para vos, de parte de todos.
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miércoles, julio 13, 2011
EL JULIÁN

Esta foto es de aquí (DCP Magazine)
El Julián no tiene más de 25 años, los ojos vivarachos, la piel cobriza y usa un enterizo azul para que el betún de los zapatos que lustra no le ensucie la ropa. Cuando viene a la oficina no usa pasamontañas, y no me había dado cuenta que usaba el pasamontañas suspendido arriba de la gorra hasta el otro día que en la esquina de la oficina un lustra con pasamontañas me ha saludado con voz hualaycha y conocida: "cómo es señorrra" ¡era el Julián!.
No labura de lustracalzados (lustra) full time, sino por temporadas, pues en realidad el Julián vive en algún pueblito de la Provincia Muñecas, la única provincia donde hablan quechua. En su pueblo vive toda su familia, incluyendo su esposa y su hijo que tiene seis años y que ya va a la escuela. Algunas veces, cuando viene, se presta el teléfono para hablar con su gente. Yo no sé quechua más que alguna que otra palabra suelta, así que no tengo idea qué es lo que dice, pero suena dulce, diferente a cuando escucho conversaciones (ininteligibles) en un aymara que es más rígido y seco como el alemán o el Chino.
El Julián me cuenta que es mejor trabajar en los edificios de oficinas, porque se conoce a la gente, se hacen "caseros" y además porque en la calle solo les pagan luca (Bs1) en cambio en las oficinas el panorama es mejor. Me cuenta que el año pasado, en un edificio de la 20 de Octubre un señor le ha apadrinado uniformes para el equipo de su pueblo, y que cuando ha llegado al campo con las once poleras y shorts lo han recibido como a un héroe. Claro que no todo es color de rosa, pues como se pierde por temporadas, a veces vuelve a Chuquiago y algunas oficinas ya se consiguen a otro lustra, así que tiene que empezar a hacerse conocer de nuevo.
La mayoría de los lustras paceños cubre su cara con un pasamontañas y se han convertido en una pieza esencial del paisaje de Chuquiago. Entre otras razones se dice que es porque al tener actividades paralelas como estudiar en el colegio, algún instituto y la universidad se sienten discriminados por sus compañeros y se avergüenzan de su forma de ganarse la vida. No sé si el Julián usa el pasamontañas por la misma razón. No creo. Le voy a preguntar la próxima que pase por la oficina.
Las manos del Julián están teñidas de un color indefinido, y la micosis casi ha terminado con sus uñas, pero para él lo más importante es ahorrar peso a peso para volver a su pueblo con cosas nuevas para los suyos, como un héroe de sonrisa hualaycha.
*hualaycho= juguetón (creo que se usa en el aymara y el quechua).
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viernes, junio 10, 2011
TE ODIO
"El amor, por definición, es un regalo no merecido"
Milan Kundera
(El libro de los amores ridículos)
Milan Kundera
(El libro de los amores ridículos)
Debo confesar que en un principio me asustaba leer este libro, tal vez porque de alguna forma esa frase, "te odio" puede desencadenar ciertos monstruos que guardamos adentro, esos que tratamos que salgan lo menos posible a la superficie. Pero TE ODIO es más que una novela que describe una relación desde los ojos de una mujer.
Armando es el típico idealista que piensa que puede cambiar a las personas, que todos son como él, que todos quieren una relación estable, hijos, un trabajo, una casa, que cree que todos dicen la verdad. Ella, la narradora de la historia, es una mujer insegura, llena de fantasmas, de secretos y de miedos. Por eso es que la convivencia diaria con Armando, el que él la mire como a alguien imprescindible se torna insoportable y de a poquito, dejándose llevar por lo más oscuro de sus sentimientos se convierte en todo lo que se odia: deslealtad, traición, mentira...
La novela es una confesión íntima y sin pausas donde la protagonista se mira lejana en el cuerpo de una mujer enamorada, se analiza en una espiral de recuerdos (convertida en un monstruo que lastima) y se decepciona profundamente al entender que ha arruinado su oportunidad de quererse.
Siempre he pensado que amamos a otras personas en la medida en que nos amamos a nosotros mismos. Christian J. Kanahuaty logra mostrarnos esa realidad desde la mente de una mujer atormentada por su incapacidad de amarse: desde los ojos de una mujer que se odia.
miércoles, mayo 04, 2011
COINCIDENCIAS CÓSMICAS

Nunca he sido fanática del fútbol, pero hace unos años, poquito antes de que acabe el siglo XX, todos los bolivianos de todos los rincones del país, de todas las edades, de todos los colores, respirábamos fútbol.
Teníamos veintidós hombres al mando de un técnico vasco (Xabier Azkargorta) quien logró consolidar el mejor equipo de la historia del fútbol boliviano. El grupo de jugadores no era homogéneo, eran de diferentes rincones del país y de diferentes edades, como que para el Mundial de USA ’94 el mayor de los jugadores tenía 37 años y el menor, Jaime Moreno, 20. El Diablo Etcheverry era tenaz en el ataque, Ramallo era el “fantasma del área” pues aparecía de pronto de quiensabedónde y marcaba goles,las atajadas de Trucco eran espectaculares y cada jugador en la cancha daba todo de sí para que el equipo logre buenos resultados, porque era sobre todo un equipo, no un grupo de estrellas que buscaba sobresalir sobre los demás.
Cada partido que se jugaba para las eliminatorias del Mundial de 1994 eran como un feriado: todas las radios sintonizadas para escuchar la transmisión del partido, así que si por alguna razón no te habías podido reunir con tus amigos para ver el partido por la tele, podías escucharlo en el minibús, en el micro, en el taxi, en el mercado, en la calle…
El 17 de Junio de 1994 se jugaba el partido inaugural de la Copa Mundial de Fútbol en Chicago, Estados Unidos. La selección boliviana se enfrentaba al último campeón mundial: Alemania. Todos nos sentíamos como Davides enfrentando a un poderoso e invencible Goliat. Las calles estaban desiertas porque todos los bolivianos y bolivianas estábamos reunidos frente a una pantalla de televisión para ver el debut de nuestros héroes. Fue un partido hermoso, donde los Davides se lucieron pero no pudieron derrotar a los gigantes Alemanes que nos ganaron con un gol de Klinsman. Frente a España perdimos 3 a 1, pero el gol de Erwin Sánchez fue un regalo. Con Corea el partido fue todo un sufrimiento que duró como 95 minutos en los que no se marcaron goles pero en los que nos defendimos a capa y espada.El país vivía en un festejo absoluto, en todas las calles flameaba la tricolor, y pese a que no pasamos octavos de final, todos teníamos ese sentimiento de que nuestra selección había roto todo pronóstico. La canción que más se escuchaba era “Viva mi Patria Bolivia” y el Himno Nacional se lo cantaba con un fervor único.
Hace tiempo que no veo que el orgullo de ser boliviano se masifique como en el ’94, cuando todos los nacidos en esta tierra nos sentíamos iguales, hermanos. Como la esperanza es lo último que muere, igual que muchos bolivianos, estoy esperando alguna coincidencia cósmica -que no necesariamente se manifieste en forma de un equipo de fútbol- para sacar mi bandera rojo amarillo y verde y flamearla junto a mis hijos con esa certeza de que los bolivianos podemos vencer los cálculos probabilísticos y las estadísticas más pesimistas.
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jueves, abril 07, 2011
TRATADOS DE IGUALDAD & SIMILARES
Este papelito lo encontré ayer mientras buscaba la billetera del Sebas (donde guarda sus ahorros), pues los hijos tienen la manía de no encontrar nada en ninguna parte.Pese a que el Rodri y el Sebastián son super diferentes de carácter, se llevan muy bien y rara vez pelean. Quien sabe ese comportamiento se deba a que desde que eran pequeñitos hacen una serie de acuerdos, reglas y negociaciones varias para que no exista juego en el que uno tenga más ventaja que el otro. Por ejemplo, para elegir la película que van a ver, un juego de PS3 o de Wii, hacen una serie de sorteos con papelitos o mezclan las cajitas de los CD's con los ojos vendados para elegir uno al azar, y la elección es respetada sin reclamos, como en la mejor de las democracias (la democracia utópica). Para definir qué juegos van a comprar, hacen rankings viendo opiniones y trailers de los juegos en internet y calificando cada uno sobre 10, sumando el máximo de 20. Si el juego obtiene menos de 10, no se compra, si obtiene entre 11 y 15, se hace un sorteo para ver si se compra o no, si obtiene entre 16 y 20, se compra.
La burocracia no siempre es mala.
Para los que no entienden la bella letra de mis retoños, les dejo con la transcripción:
Tratado de Igualdad
Yo Rodrigo Ignacio Aguirre Balderrama, me comprometo a dejar a Sebastián Alejandro Aguirre Balderrama a compartir el juego Plantas vs. Zombies de propiedad de Rodrigo si Sebastián comparte el PlayStation3, igualando ambas propiedades. Si uno de ellos no cumple lo tratado, éste no recibirá su parte del trato y se anula el trato que está escrito aquí. Atentamente,
(Firma de Rodrigo)
Tratado de Igualdad
Yo, Sebastián Alejandro Aguirre Balderrama, me comprometo a compartir mi PS3 con Rodrigo Ignacio Aguirre Balderrama para que me preste el juego "Plantas vs. Zombies" y así cada uno de nosotros tendrá su parte. Si cualquiera no cumple lo tratado, éste se anula y el que no cumplió, no recibirá su parte. Atentamente,
(Firma de Sebastián)
sábado, marzo 26, 2011
DEL CANGREJO, SU INMORTALIDAD

Cuando era chica tenía la mala costumbre de vivir en una nebulosa, siendo lo más frecuente que pierda mis lápices, mi borrador, tajadores, y todo lo que estaba en mi estuche. La solución que encontró mi mamá para no hacerse socia de alguna librería (por que tenía que comprar borradores y demases por docena gracias a mí) fue amarrarme al cuello una cuerdita azul con el borrador como dige. Faltó poquito para que ponga también el tajador y el lápiz negro en mi collar/estuche, así que más por vergüenza que por sentido de responsabilidad aprendí a cuidar mis útiles.
Ya jovenzuela, gracias a que mi vanidad era más fuerte que mi sentido común y que a eso se sumaba mi vida paralela en la luna, era de las que perdía constantemente mis lentes de aumento, mis llaves, mi plata, mi calculadora y cuando tenía como 14 años me robaron el reloj de mi muñeca mientras viajaba en un micro "k" llenísimo del colegio a mi casa. El colmo de pajarona.
En la Universidad, cuando andaba de novia con mimarido, mi nivel de pelotudez era tal que era contagiosa, sobretodo en la primera etapa del enamoramiento. Nos tardábamos una hora (léase sesenta minutos, una eternidad) en ir desde el CBA hasta la UMSA (unas ocho cuadras); así que como seguramente caminábamos como un par de ahuevonados, una vez nos robaron las calculadoras y la billetera de mi mochila y sólo nos dimos cuenta de que la mochila estaba abierta al momento de despedirnos.
Cuando tuve a los chicos ya por instinto de conservación bajé un poco hacia la Tierra, así que por suerte nunca los dejé olvidados en ninguna parte ni me llevé a otro niño por equivocación a casa. Lo que sí una vez que fui al supermercado subí varias bolsas en la maletera de un taxi y llevé adelante una bolsa con algunas compras. Cuando llegamos, me bajé del taxi y me despedí del taxista. Al momento de entrar al edificio me acordé de mis otras bolsas del mercado que se habían quedado en la maletera. Corrí como media cuadra tratando de alcanzar al taxi hasta que (como en las películas) tomé un segundo taxi al vuelo y perseguimos al taxista que se llevaba mis bolsas. Así seguimos la pista del taxista desde la Paraguá y Segundo Anillo (esa época vivía en la ciudad de los anillos) hasta la Banzer y Tercer Anillo, donde está el Hipermaxi. Bajé del segundo taxi y con mi cara de chivo correteado alcancé al primer taxista para "hacerle notar"que había olvidado mis bolsas en la maletera. El taxista que era un señor mayor, ni cuenta se había dado y me llevó de vuelta a mi edificio con mis mentadas bolsas.
Cuando recién andábamos haciendo los trámites para iniciar la empresa donde trabajo actualmente, en una de las visitas de mi jefe a Santa Cruz (donde iniciamos la oficina) me pidió que lo lleve a un lugar donde podían arreglar un desperfecto en su celular, algo fácil y rápido, cosa de dejarlo en una tiendita de celulares de esas que hay por el Palacio de Justicia, que me de una vuelta y lo recoja al rato. Lo dejé y como había una trancadera descomunal en la calle Libertad, me di una vuelta por otra callesita para hacerlo mejor y me olvidé por completo donde había dejado a mi jefe. Di como tres vueltas hasta que por fin lo encontré todo sofocado y emputado en la esquina en que lo había dejado media hora antes.
Por más que sigo andando con cara de astronauta en la calle, lo más que me ha pasado últimamente ha sido olvidar las llaves de mi oficina unas siete veces en los últimos tres años y la única vez que perdí mi billetera con todos los documentos adentro, me llamaron para devolvérmela. Trato de mantener mi mega cartera medio ordenada y mi cerebro un poco más alerta para no seguir andando como pajarona por la vida. Ahora, después de treinta y ocho años puedo decir que el cangrejo no es tan inmortal pero sí es inevitblemente hereditario, así que cada que mi Rodri pierde sus lentes, su celu y cualquier otra cosa, respiro hondo y cuento hasta cien, tal como mi mamá seguramente hacía para no apretarme el cuello.
miércoles, febrero 23, 2011
LAS VELAS
Mi papá (el Negrito) siempre ha sido antojadizo, algo que hemos heredado sus tres hijos, así que como mi mamá (la Peti) es una melindrosa de primera, a Las Velas nos íbamos sin ella.
En esas ocasiones nos abrigábamos bien con gorro de lana incluido y nos íbamos rumbo a la callesita donde termina la Camacho y empieza la Bolívar, bajábamos unas gradas y nos encontrábamos con decenas de puestos de comida: sandwiches de chorizo humeante, silpancho en plato con fideo en vez de arroz y sólo cuchara en vez de cubiertos, chicharón anaranjado en pailas gigantes, enormes piernas de cerdo ahumado, chicharrones crocantes, escabeche en frascos para los sandwiches de chola y por supuesto las parrillas con pedazos de corazón de vaca finísimamente cortados, ensartados en varillas de alambre con papa cocida y salsa de maní picante (Anticuchos). Luego de haber terminado los Anticuchos, nos íbamos directo al puesto de la señora que vendía gaseosas a pedir el infaltable Sinalco en botella pequeña. Aprovechando la ausencia de la Peti (mi mamá) el Negrito nos desafiaba a terminar el contenido de una botella de Sinalco de una sola tomada, así sin respirar como él hacía. Nunca pudimos.
Años más tarde, cuando mi hermanito creció y creció también su apetito, se iban los dos solitos a Las Velas a hacer un tour gastronómico para comer de todo en un poco: un sandwich de chorizo, tres anticuchos, dos chicharrones... todo con Sinalco. Como consecuencia alguna vez mi hermano volvió con indigestión y la Peti se enojó con el Negrito, pero una vez repuesto el acompañante volvían a esos maratones "Velísticos".
Hace unos días y después de muchos, muchísimos años, tomé Sinalco. El sabor no es cien por ciento el mismo porque ya no lo embotellan en botellas pequeñas de vidrio sino como todo, en plástico y de dos litros. Tomar ese nuevo Sinalco fue como cuando escuchas el cover de una canción entrañable con otros intérpretes, con otro feeling pero que todavía tiene la virtud de transportarte mentalmente a épocas remotas, a sabores lejanos .
Algún rato me voy a animar a llevar a los chicos a Las Velas y si hay Sinalco en botellas chiquitas (no importa de plástico) voy a desafiarlos a tomar todo el contenido sin respirar hasta la última gota. A ver si ahora puedo.
En esas ocasiones nos abrigábamos bien con gorro de lana incluido y nos íbamos rumbo a la callesita donde termina la Camacho y empieza la Bolívar, bajábamos unas gradas y nos encontrábamos con decenas de puestos de comida: sandwiches de chorizo humeante, silpancho en plato con fideo en vez de arroz y sólo cuchara en vez de cubiertos, chicharón anaranjado en pailas gigantes, enormes piernas de cerdo ahumado, chicharrones crocantes, escabeche en frascos para los sandwiches de chola y por supuesto las parrillas con pedazos de corazón de vaca finísimamente cortados, ensartados en varillas de alambre con papa cocida y salsa de maní picante (Anticuchos). Luego de haber terminado los Anticuchos, nos íbamos directo al puesto de la señora que vendía gaseosas a pedir el infaltable Sinalco en botella pequeña. Aprovechando la ausencia de la Peti (mi mamá) el Negrito nos desafiaba a terminar el contenido de una botella de Sinalco de una sola tomada, así sin respirar como él hacía. Nunca pudimos.
Años más tarde, cuando mi hermanito creció y creció también su apetito, se iban los dos solitos a Las Velas a hacer un tour gastronómico para comer de todo en un poco: un sandwich de chorizo, tres anticuchos, dos chicharrones... todo con Sinalco. Como consecuencia alguna vez mi hermano volvió con indigestión y la Peti se enojó con el Negrito, pero una vez repuesto el acompañante volvían a esos maratones "Velísticos".
Hace unos días y después de muchos, muchísimos años, tomé Sinalco. El sabor no es cien por ciento el mismo porque ya no lo embotellan en botellas pequeñas de vidrio sino como todo, en plástico y de dos litros. Tomar ese nuevo Sinalco fue como cuando escuchas el cover de una canción entrañable con otros intérpretes, con otro feeling pero que todavía tiene la virtud de transportarte mentalmente a épocas remotas, a sabores lejanos .
Algún rato me voy a animar a llevar a los chicos a Las Velas y si hay Sinalco en botellas chiquitas (no importa de plástico) voy a desafiarlos a tomar todo el contenido sin respirar hasta la última gota. A ver si ahora puedo.
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miércoles, febrero 02, 2011
CORTITOS
EL PRIMER ALADINO
Despertó de su largo sueño y se dio cuenta que estaba encerrado en una incómoda lámpara. Se odió por haber deseado ser inmortal.
CENICIENTA II
A las doce de la media noche salió corriendo de la fiesta. Sus cómodas zapatillas de goma le permitieron desaparecer sin dejar rastros. Ya había abandonado la costumbre de usar zapatos de cristal y similares pues solían caerse cuando una menos lo esperaba, y lo que es peor, atraían a tarados con complejo de príncipes.
RESOLUCIÓN SINDICAL
Visto y Considerando:
Que las bases se encuentran totalmente hastiadas de los pasteles con huellas y mugre de pájaro que son servidos diariamente como desayuno, almuerzo y cena por la señorita Blanca Nieves, y al no ver una solución posible a este problema,
El sindicato Resuelve:
Aceptar la oferta de servicios de la empresa "BMS" (Brujas, madrastras, suegras y afines) para dar fin a este molestoso inconveniente alimentario.
Mina de Diamantes "Los siete enanos" - Pueblo de Muy, Muy Lejano, Abril del año de la ñaupa.
Despertó de su largo sueño y se dio cuenta que estaba encerrado en una incómoda lámpara. Se odió por haber deseado ser inmortal.
CENICIENTA II
A las doce de la media noche salió corriendo de la fiesta. Sus cómodas zapatillas de goma le permitieron desaparecer sin dejar rastros. Ya había abandonado la costumbre de usar zapatos de cristal y similares pues solían caerse cuando una menos lo esperaba, y lo que es peor, atraían a tarados con complejo de príncipes.
RESOLUCIÓN SINDICAL
Visto y Considerando:
Que las bases se encuentran totalmente hastiadas de los pasteles con huellas y mugre de pájaro que son servidos diariamente como desayuno, almuerzo y cena por la señorita Blanca Nieves, y al no ver una solución posible a este problema,
El sindicato Resuelve:
Aceptar la oferta de servicios de la empresa "BMS" (Brujas, madrastras, suegras y afines) para dar fin a este molestoso inconveniente alimentario.
Mina de Diamantes "Los siete enanos" - Pueblo de Muy, Muy Lejano, Abril del año de la ñaupa.
lunes, enero 24, 2011
DESEOS DE ALASITAS
Una vez al año los ciudadanos de Chuquiago y sus alrededores tenemos la oportunidad de convertir en realidad nuestros deseos de prosperidad. La fórmula utilizada desde antes de la época republicana es comprar miniaturas de lo que queremos que se haga realidad y pedir al Ekeko -Dios aymara de la abundancia, fecundidad y alegría- que nos de una manito para lograrlo.La ciudad se torna más caótica que de costumbre antes del medio día de todos los 24 de Enero: florecen instantáneamente miles de puestos de venta de miniaturas en todos los puntos imaginables, se improvisan yatiris (imprescindibles para bendecir la compra), el aire adquiere olores a palo santo y otros sahumerios, los curas abren sus iglesias para bendecir las compras de los creyentes y todas las personas que viven en esta urbe, oficinistas, taxistas, amas de casa, comerciantes, abuelos, niños, jóvenes y hasta cebras forman una masa humana hambrienta de billetitos, víveres, autitos, casitas y hasta pasaportitos con visa americana incluida lanzándose a las calles antes del medio día para que se hagan realidad sus sueños de vivir mejor.
Dentro de un ratito me voy a escapar de la oficina hasta la Plaza Avaroa para comprar hartos billetitos y una mega canasta de víveres con doble porción de azúcar por si acaso. Ojalá encuentre una libreta escolar con buenas calificaciones para el que sabemos, una pelota de fútbol para que el otro enano vuelva a las canchas sin contratiempos y una novia para el Jimbo Aguirre que ya está en edad de merecer.
Por suerte, y desde que tengo memoria, a nadie se le ocurre hacer marchas o huelgas en Chuquiago el 24 de Enero ya que cualquiera puede hacer realidad su pliego de peticiones en el puesto de miniaturas más cercano.
Para los que no van a tener tiempo de comprarse billetitos o están en latitudes lejanas a Chuquiago, les dejo el link de la Bitácora Salinas Sanchez, donde hay billetitos de Alasitas para imprimir, además del video de Alasitas del indispensable Papirri. La bendición con yatiri ya corre por cuenta de ustedes.
miércoles, enero 12, 2011
VACACIONES INTERPLANETARIAS

Termino de alistarme y mientras el Rodri sigue en la ducha preparo pan con manjar y jugo de naranja como desayuno, pues no quiero comer la pizza de anoche (wácala) que desayunaron mi Choli, mi moreno Sebastián y que va a desayunar mi Rodri – Yellow.
Los susodichos están sentados frente a la tele, hipnotizados. En la pantalla un fondo verde y varios hombrecitos, unos de uniforme rojo medio naranja y otros de azul. En la tribuna miles de otros hombres abrigados hasta los dientes. Los jugadores son de todos los colores. Imagino que son una Babel en miniatura. El relator del partido confirma mi teoría comentando que el Asistente del equipo habla cinco o seis idiomas. Obvio sino quién los entiende a todos. De todos modos yo no entiendo tanto sufrimiento (de los mira tele y de los hinchas del equipo rojo) cuando los azules meten un gol de penal.
El Rodri ya está listo: polera, short - malla y chinelas, casi no necesita peinarse y a mucha insistencia se pone un poco de protector solar en la cara.Yo tengo la malla, el pantalón, la polera, las chinelas, el pelo seco con la secadora de pelo y amarrado en una cola, un litro de bloqueador solar factor 100 en la cara y a un lado, en una silla un sombrero estilo Doña Tremebunda listo para llevar, pues si me expongo mucho rato al sol termino con la cara más manchada que un mapamundi.
Hora de ir a la playa…
Hay momentos en que se siente raro convivir con estos seres del planeta XY, siendo yo del lejano planeta XX.
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lunes, noviembre 29, 2010
LA FURIA DEL RÍO

"La Furia del Rio" de Claudia Peña Claros, es un relato sobre cómo las personas podemos respirar/vivir (con) la injusticia y no hacer nada hasta que se apodera de nosotros la rabia y se desbordan los ríos -furiosos- llevándonos por caminos sin regreso.
El asesinato de Manuel, el mejor jugador de fútbol del pueblo en manos del hijo del patrón es el hecho que desencadena la furia. Esta historia es narrada desde varias voces, desde varias miradas: desde la tristeza e impotencia de Eleuterio Medina, padrino de Manuel ("No saben llorar los hombres del llano, porque no necesitan lágrimas cuando los días transcurren entre toros bravos y sudor de caballos. Fue entonces torpe y primigenio el llanto de Eleuterio Medina".) la voz de la furia en los pobladores que buscan justicia (¿Qué mal viento se apoderó de nosotros? ¿Qué voz de odio nos carcomió las entrañas? No sabíamos mirar así, con hambre de sangre y venganza. Siempre habían estado claros nuestros ojos, limpios nuestros pasos. Hasta que llegamos a ese día, interminable como la muerte.") y dos miradas indispensables: la de la madre del asesino y la madre de Manuel, la víctima. Ni el fin del mundo ni cataclismos afines pueden compararse al inmenso dolor de perder un hijo y Claudia tiene las palabras precisas para expresar el sentimiento de una madre si la muerte le arrebata a su hijo.
Muy de acuerdo con Virginia Ayllón quien hizo un análisis de lujo en la presentación de este libro hace unos meses: esta es la primera novela de Claudia Peña, pero Claudia no pierde su esencia de poetisa al narrarnos los hechos desde perspectivas tan íntimas.
"La furia del río" llevaba más de dos meses en mi cartera, y no por falta de viajes en minibús o idas al Banco que son los lugares donde aprovecho para desconectarme del mundo y leer un poquito, es que necesitaba un silencio sin interferencias para poder sentir(me en) la intensidad de la voz de los personajes.
Acabo de guardar "La furia del río" en el aparador donde guardo los libros imprescindibles.
lunes, noviembre 08, 2010
PEDRO, EL ALQUIMISTA

"En tu cuerpo a flor de fuego tienes paloma..."cantaba la voz de la entrañable negra Sosa en el parlante de la computadora de mi oficina. Al ratito se me puso la piel de gallina como siempre que escucho esa fuerza telúrica dentro de esa inconfundible voz. "...Y mi sangre como grasa tiene paloma..." cantaba en la segunda estrofa Pedro Aznar-hasta ese momento un casi desconocido para mí- y el ambiente gris de la oficina se tornó de colores. Así conocí a Pedro.
Las entradas para Platea en el Teatro Municipal se agotaron un mes antes del concierto, al igual que las mejores mesas para el show en el Hotel Raddison. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan ansiosa antes de un concierto, hasta que llegó la noche del 22 de Octubre en el Municipal.
Antes de abrirse por completo el telón empezamos a escuchar los primeros acordes de "Quebrado" y cuando Pedro empezó a cantar "...como un océano... como un mar..." el corazón se me hizo un nudo que no se deshizo hasta que termino la última canción. "Alcira y la torre" fue la segunda, seguida por "Él" con el sello iconfundible del bajo de Pedro. La poesía de "Nocturno suburbano" fue la siguiente. Cantó "Décimas" (con esa tristeza sempiterna) y la hermosísima "Zamba de Carnaval" que mi amigo Marco cantó con todo el feeling imaginable. "...No te pone triste, no te da dolor..."(Qué pena) fue la siguiente para regalarnos despues una tanda de tres canciones para las que quedó solo en el escenario, solito con toda la carga de sentimientos y colores que es Pedro. Luego del intermedio más de mis canciones favoritas como "Lina de Luto", "Clarosuro" y las imprescindibles como "Angie", "Fragile", "While my guitar gently weps". Termina el concierto, pero la gente no se va y pide que Pedro vuelva al escenario. Canta dos canciones más para cerrar el show con una inolvidable versión unplugged del "Blues de la Piedad" que canta así a capela y junto a sus músicos sentados en el borde del escenario, dejándonos con la misma sensación que tienes después de haber asistido a un banquete, saboreando cada nota, cada acorde, cada canción.
Pedro es un alquimista de la música mezclando ritmos, acordes, voces, sentires y matices.
lunes, octubre 11, 2010
EL CUMPLEAÑOS DE ADELA

Todos los 11 de Octubre celebramos en Bolivia el Día de la Mujer boliviana, y si bien no suelo estar en pro de los "días recordatorios..." y ramas anexas, este día me gusta porque nos acordamos de Adela (que hoy estaría cumpliendo 156 años) y no solamente de la Adela mujer, sino la Adela inconforme, la Adela que luchó con brazo firme contra los prejuicios de su época, la Adela solitaria, la Adela que miraba al mundo con otros ojos.
Pienso que todas tenemos algo de Adela y por tanto motivos para celebrar hoy, no solo porque sea "día de la mujer boliviana", sino porque cada 11 de Octubre podemos renovar el compromiso de que no vamos a descuidar nuestros sueños -que podemos convertirlos en objetivos- acordarnos de que podemos vivir felices porque queremos (léase porque nos lo merecemos y por último porque nos da la gana) y sobretodo por que podemos elegir: elegir casarnos o ser solteras, elegir tener o no tener hijos, elegir creer en algo aunque no exista, elegir no ser víctimas de nadie, elegir no quejarnos y actuar, elegir pensar, elegir amar, elegir ser libres sin límites pues los únicos límites son los que nosotras mismas nos imponemos.
Gracias, Adela por esa semilla...
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jueves, septiembre 16, 2010
LA CAPERUZA

Últimamente la Caperucita andaba aburrida. Como que ya no le entusiasmaba repetir todos los días el mismo cuento. El lobo había envejecido y estaba medio sordito, así que al preguntarle "abuelita, por qué tienes los ojos tan grandes?", había que gritarle, pues el lobo respondía de memoria y ya no era divertido cambiar el orden de las preguntas.
Un día despistó al lobo y se fue a tomar el té con su abuela, quien la miró con los ojos más grandes que los del lobo porque estaba acostumbrada a seguir el guión al pie de la letra y en ningún lugar del cuento decía que la Caperucita llegaría antes que el lobo y a tomar el té. La Caperucita dejó la pesada canasta con todo lo que le había mandado su madre, besó en la frente a su abuela y se fue. En el camino dejó la caperuza colgada en un árbol cerca de donde el leñador dormía una siesta (seguramente haciendo hora para ir a rescatarla) y tomó la ruta hacia el pueblo.
Nunca más la llamarían Caperucita Roja, sino Daniela o Gabriela o Carolina. Todavía no había decidido su nuevo nombre, ni su nuevo cuento.
miércoles, septiembre 08, 2010
EL CINE EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA

Cuando era niña/jovencita, allá por los lejanos '80, ir al cine en Chuquiago era otra cosa. Para empezar no llegaban tantas películas, sino unas cuantas que a veces daban simultáneamente en las diferentes salas de cine. Una vez armado el "grupo de choque" la idea era escoger una película, cuyo mega cartel se exhibía en la parte frontal de uno de esos cines. Comprabas las entradas y las taquillas (papelitos de colores doblados como cucuruchos en una tabla con huequitos, de donde uno tenía que escoger los asientos para ver la peli) y una vez con la entrada y la taquilla en la mano, salías a la calle donde se ubicaban una fila de kiosquitos colocados sobre una especie de bases un poco elevadas de donde podías comprar todos los dulces que ibas a comer durante la película. Mis favoritos eran los Sugus, Rompemandíbulas, Lentejas de D'onofrio, los besos de negro, Sweetarts, chocolates varios y por supuesto los Craker Jack. Máquinas de Pipocas solo me acuerdo que habían en el Monje Campero y en el 6 de Agosto, pero ya en los '90. Las pipocas las tenías que comprar nomás en bolsita de la casera de la calle. Luego de que te habías munido de todas las golosinas posibles, entrabas a buscar tu asiento y empezaba la peli. La pantalla era gigante y (para mí) lo máximo era ver la película desde Mezanine (una especie de segundo piso). Si te atrasabas, un señor con una linternita te guiaba hasta tu asiento.
La mayoría de los cines eran en el centro, como los cines Tesla y Scala en la acera frente al Banco Central. Esa calle tiene una pendiente pronunciada y el cemento de la acera está tan "caminado" que es super resbaloso, así que había que tener cuidado para no caer en estilo libre. El cine 16 de Julio y el cine Monje Campero en pleno Prado paceño y el cine 6 de Agosto en Sopocachi. Otros dos cines de los que me acuerdo son el Cine Universo y el Cine Miraflores. En la misma época funcionaban en la ciudad (incluyendo El Alto) como 20 cines más.
Una de las primeras películas de las que me acuerdo es una película india que contaba la historia trágica de un payaso a la que nos llevó mi tía Carmen. Yo tendría como 7 años y fuimos toda una tropa de primos. Era tan triste la película que lloramos más que en la pasión de Cristo y mi tía no sabía cómo consolar a tanto mocoso junto (éramos como 5 o 6).
"La niña de la mochila azul" también fue célebre. Fui cuando tenía 7 años en una de las vacaciones y me acuerdo que no quería sonreir porque estaba cambiando dientes (léase chimuela o k'asaventana).
Los "Supermanes" fueron memorables. Ver al superhombre del peinado de robacorazón y calzoncillo encima de los pantalones en la pantalla gigante del cine era una sensación a parte, además que (por lo menos yo) esperaba cada Superman con todas las ansias posibles.
De la Guerra de las Galaxias (Star Wars) salí medio mareada, no tanto por lo largo de la película, sino por los efectos especiales en los que uno se sentía volando en esas naves a través del espacio estrellado e infinito. Me encantaba el peinado de la princesa Leia, con esas trencitas anudadas en forma de rosquillas alrededor de sus orejas. Claro que por la forma de mi rizado y eléctrico pelo que la mayoría del tiempo estaba recortado estilo Mafalda, era tarea imposible, pero ese es otro cuento.
Cuando tenía como 10 años, mi papá nos llevó a ver una función especial de Charles Chaplin. Al principio mi hermana y yo estábamos decepcionadas de que no sea "el Chapulín" como habíamos pensado, pero en cuanto el hombrecillo empezó a hacer de las suyas agredecimos infinitamente a mi papá por presentarnos a ese personaje imprescindible.
E.T. es también de esas épocas, al igual que las pelis nacionales Mi Socio y Amargo Mar.
Ahora ir al cine es diferente. Desde la creación de los Megas, Multis y demás "Centers" la idea es ir al boliche en cuestión y escoger de la cartelera la película menos mala. Claro que hay ocasiones en que la película vale los 50 mangos que pagas por persona (incluyendo pipocas y cocacola, cuando no es 3D), pero es rara vez. En esa dinámica he llevado a los chicos a ver películas que me gustan tanto como una depilación con cera en el área del bikini, pero ya no más. Me he prometido a mí misma que el Cine es solo para ver películas que me gusten, sin importar que tenga efectos especiales de última generación o efectillos estilo copy-paste. Así por lo menos vuelvo a la sensación de que ir al cine es como un ritual, como comer una comida especial, como un día de fiesta.
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