lunes, abril 02, 2012

LOS HOGARES DE MIS HIJOS.

Cuando nacen tus hijos, la casa donde vives se convierte en un hogar, en un refugio inolvidable de esos primeros días/años.

Cuando nació mi Rodrigo, vivíamos en un departamento en una calle céntrica de Chuquiago. Era un departamento calientito, con ventanas que daban a la calle ruidosa y desde donde todo el santo día se escuchaban las alarmas de los autos y los bocinazos. Por las noches la música estridente de los borrachines callejeros que parqueaban en nuestra acera era lo más normal. Había también una panadería en la planta baja que nos hacía llegar el aroma del pan recién horneado gracias al cual casi abandoné mi vicio por las marraquetas.

Gracias a esa panadería, el olor que ese departamento tiene en mi memoria es a pan, pero también a nuevo y a independencia (estaba recién casada).

Mi Sebastián vino a "nacer"a Chuquiago, pues esa época vivíamos en Santa Cruz. Cuando volvimos a la ciudad de los anillos nos esperaba el departamento en el piso 11 de uno de los pocos edificios de departamentos que había en esa época. La vista desde ese piso era hermosa: las copas de los árboles y las tejas rojas de las casas, hacían que tengas la sensación de estar en un bosque de cuentos. Desde mi ventana, a lo lejos se veía el humo que salía de San Aurelio y por las noches una pequeña luz verde: el letrero del Diraio Mayor El Deber. El segundo anillo parecía una pista de juguete mientras los micros "vuelteros"del segundo anillo hacían círculos infinitos.

El aroma de ese departamento en mi memoria es a verde, a calor y a familia, pese a que no teníamos a nadie en esa ciudad.

El hogar que le espera a mi Bernardo no es muy diferente a los dos que acogieron la llegada de mis enanos mayores. Otra vez en Chuquiago, ésta casa está en una calle antes tranquila pero ahora ruidosa, y que de a poquito se está llenando de edificios al rededor. Por la noche parece que estuviéramos rodeados de estrellas y si bien desde aquí no vemos al Illimani, sentimos su presencia omnisciente. En diagonal a nuestra casa hay una escuela de fútbol donde casi todos los domingos de Dios hay ruidosos campeonatos que empiezan a las 8 ó 9 de la mañana con las barras de rigor: bombos, trompetas, petardos...

La casa misma suele ser un alboroto constante gracias a la presencia del Rodrigo, del Sebas y de sus amigos que vienen al menos una vez a la semana y -aunque últimamente no mucho- se quedan a dormir. La presencia del Jimbo también se ha vuelto imprescindible.

Para mí esta casa huele a hogar, a compañía, a experiencia y desde hace algunos meses, a futuro.

4 comentarios:

Lilyth dijo...

Vania, mil felicidades por el nuevo retoño!!! un beso grande en la distancia!!... grave pero... vas a tener que volver al blog, o cuando crezca tendrás que inventar una buena historia de por qué él no tiene entradas en este blog ;)

Oscar Cabrera Hurtado dijo...

De la montaña al llano, y de vuelta. La casa al final es la familia. Felicidades y saludos desde la ciudad de los anillos.

Vania B. dijo...

Carito querida, gracias por estar siempre por estos lares. Y de verdad, conforme vaya creciendo el Ber voy a tener que pubicar sus ocurrencias para que no esté ausente de la Cápsula. Abrazos miles.

Oscar: Muy muy cierto: el hogar es la familia nomás. Va un abrazo desde Chuquiago.

Adriana Urioste Vaca dijo...

hola vania quisiera hacerte una pregunta:porque decidiste crear este blog?

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