Había una vez tres chivos que eran hermanitos, pero como a su mamá le daba flojera ponerles nombres diferentes a los tres les había puesto Bruse. A los tres les gustaba el pasto (obvio) y el mejor pastito estaba en el monte. Pero (pequeño detalle) para llegar al monte había un puente, y debajo del puente vivía un duende, de ojos redonnnnndos como platos y nariz laaaarrrrga como palo de escoba. (- Como la de Pinocho mamá?
- No porque este duende no era mentiroso, la de Pinocho tiene ramitas y si miente mucho hasta el nido de un pajarito, acaso no has visto la película negrito?)
Bueno, como sabían que el puente era peligroso lo habían mandado al chivo Bruse pequeño, el pobre no podía decir que no porque si no los otros dos chivos abusivos le sacaban la mugre, entonces se arriesgó… tripp trapp, tripp, trapp se escucharon sus pasitos sobre el puente.
- ¡Quién es el que pasa por mi puente! -Preguntó el duende.
Imagínense la cara del chivo Bruse pequeño, casi se hace ahí mismo, pero habiá respirado y habiá respondido con su vocecita así apenitas…
- Soy yo, el chivo Bruse pequeño…este… estoy yendo al monte a comer pastito
-Chivo abusivo ¡ahorita voy y te como!- gritó el duende.
El chivo ya no daba de miedo, sus patitas le temblaban como hojas
- ¡Noooooo no me comas esperá un ratito te hago un trato! Habiá respirado profundamente y le habiá dicho: Mirá duende, yo soy muy pequeño, no te vas a llenar. Si esperas un ratito va a venir mi hermano, el chivo Bruse mediano ¡Él es más grande! Y tiene buenas piernas.
- Mmmmm a ver… bueno ya, total eres muy flaquito, tus piernas enclenques más hambre me van a hacer dar. Ya, andate chivo desaparecé hacete feis ahorita o igual te morfo.
Entonces el chivo Bruse pequeño se habiá ido corriendo triptraptriptrap a toda velocidad.
Después de un ratito, al ver que no pasaba nada, el chivo Bruse grande como era un abusivo, lo habiá mandado al chivo Bruse mediano:
Tripp trapp, tripp, trapp se escucharon sus fuertes pasos.
- ¡Quién pasa por mi puente! -Preguntó el duende.
- Este…soy yo, el chivo Bruse mediano- Mi hermanito ha pasado hace un ratito, yo voy con él al monte
-Ah qué chistoso, y yo te voy a dejar pasar no ve? No te pases chivo, ¡Ahora voy y te como!- gritó el duende
-¡Nooooooooo! ¡No me comas! Si esperas un poco, ahorita viene el chivo Bruse grande, vas a ver duende, a mí no vale la pena que me comas, él es graaaannnnnde!
- Bueno ya, pasá apurate antes de que me arrepienta.
El chivo Bruse mediano ha corrido como nunca y ha desaparecido, como una flecha ffffiiuuuuuu!
Cuando al poco rato… TRIPP TRAPP TRIPP TRAPP se escucharon unos pasotes que hacían temblar el puente.
-¡Quién cruza mi puente! -Preguntó el duende.
- SOY YO EL CHIVO BRUSE GRANDE- contestó con una voz así ronca y tan fuerte que casi le hace atorar al duende. - ESTOY YENDO AL MONTE A COMER PASTITOOOO.
-¡Ahora voy y te como!- gritó el duende.
-¡Ven nomás duende trucho, de un sopapo te voy a dejar p’aspa tu cara y de una corneada te voy a mandar lejos así hasta la luna, vas a ver!
(- ¿Qué es paspa mamá?
- Cuando hace frío y no te pones crema a tu cara, la piel se te vuelve dura, se raja y es así como la lima de uñas te ubicas?
- Sí)
Bueno, sigamos... entonces el duende le habiá dicho:
- Pucha qué alaraco eres chivo, ahorita te morfo y hasta ahí llegó tu vida de estrella ñajajajaja- y al acercarse al chivo, este le dio con los cuernos en pleno traste que lo elevó hasta el cielo – ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh gritó el duende y "clic" desapareció.
(- ¿Y los otros chivos qué estaban haciendo mamá?. - Los otros chivos le estaban haciendo barra pues hijito a ver usá tu imaginación
- Ah yo pensé que ya estaban comiendo
- Buena idea ratita, buena idea).
Bueno, la cosa es que el duende habiá desaparecido… para siempre
(- Se quedó a vivir en la luna?
- Bueno negrito me vas a dejar terminar el cuento o no.
- No terminó todavía mamá?
- No ratita falta un poquito)
Entonces, los tres chivos Bruse estaban chochos saltando de felicidad, yessss
- el monte es nuestro, el monte es nuestro
Habián comido hartísimo pasto, pero hartíiiiiiisimo, y sus barrigas estaban enorrrrrrrrrmes, tanto que ya ni podían caminar y menos cruzar el puente, así que se han quedado en el monte para siempre, felices de la vida. Y colorín colorado, este cuentito se ha acabado. ¿Qué tal?
Este es el cuento favorito de mis hijos, y hoy se los conté de nuevo después de mucho tiempo. Lo teníamos en un libro de cuentos nacionales que se publicaban periodicamente hace años: Correveydile si no me equivoco. La versión que nos ha acompañado por muchos años es la de Víctor Montoya.